Por la montaña leonesa. De Burbia a Riaño

Tengo la sensación de que al mencionar Ancares, a la gente se le viene a la mente Galicia, de igual manera que cuando se habla de Picos de Europa, la mayoría piensa en Asturias. Sin embargo, hay una provincia que tiene mucho que decir cuando hablamos de estos dos lugares. León.

 

La montaña leonesa vive en ocasiones a la sombra de sus vecinas, ya sea por el bien hacer de unos o por la dejadez de otros, pero lo cierto es que poco o nada tiene que envidiarlas. Ojo, no vaya nadie a malinterpretarme. Galicia y Asturias son tierras que conozco y admiro, y no tengo intención ninguna de minusvalorarlas. Tan sólo vengo con estas palabras a reivindicar la magia de una región que merece a mi entender igual reconocimiento.

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Ancares, sin el “los” delante según he leído, se extiende hoy en día a ambos lados de la sierra homónima, hacia las provincias de León y Lugo. Sin embargo, parece que en su origen se restringía a unas pocas poblaciones del lado leonés, siendo ya a mediados del s. XX cuando su uso se generalizó y se extendió para denominar una región mucho más extensa.

 

Nuestra huída del calor sureño nos lleva, en esta ocasión, a parar a Burbia, un pequeño pueblo leonés de 62 habitantes, situado al fondo de un valle por el que fluye un río con el mismo nombre. En Burbia, al pie de las montañas más altas de la Sierra de Ancares, la carretera se convierte en camino y después en senda, por lo que desde allí sólo nos resta hacer una cosa. Echarnos la mochila a la espalda y caminar. Y esto es exactamente lo que hemos venido a hacer. Caminar con paso relajado y dejarnos llevar por su naturaleza, que no sólo no defraudará, sino que terminará por sorprendernos.

 

El año es malo, terriblemente malo de agua, y aún así, para nosotros, acostumbrados al estío del sur peninsular, aquello es un paraíso en verde donde el agua fluye a pesar de los pesares.

 

La bienvenida nos la dan los imponentes castaños del valle. El castañar es maduro, ahuecado, retorcido, y los que somos bicheros ya imaginamos el sinfín de especies a las que estos grandes ejemplares dan cobijo. Al caer la noche comienza el concierto. Chotacabras, cárabos y grillos llenan el espacio sonoro del valle, mientras la hojarasca delata los pasos de algún raposo furtivo.

 

Los siguientes días los pasaremos entre los valles de Burbia y de Ancares, incluyendo una pequeña incursión en la vertiente gallega, igualmente espectacular.

 

Habrá tiempo para todo.

 

Nos adentraremos en uno de los bosques más espectaculares que recuerdo, el Teixedal. Tejos, abedules, avellanos, acebos, arces, robles... conforman un espeso bosque, refugio de fauna de gran valor, y acompañan durante el ascenso a las lagunas de Villouso. Disfrutaremos de las vistas hacia Lugo y León caminando entre brezos y arándanos, mientras subimos la cumbre más alta de esta sierra en compañía de rebecos y aves de alta montaña. Seguiremos la senda que asciende al Mostallar, observando a nuestro paso indícios de la presencia de los dos grandes carnívoros presentes en esta zona: el lobo y el oso. Exploraremos el lecho del río Burbia fotografiando sus rincones y su fauna.

 


 Y como no, no hay paisaje sin paisanaje. Mención especial para Santi, montañero local al que agradezco desde aquí por el buen rato que pasamos en la subida al Mostallar, por la simpatía y por todo el conocimeinto y la información compartida (un buen pedazo de su tierra se vino con nosotros tras visitar la feria de El Espino).

A continuación podéis ver en la galería (pinchad en las fotos para verlas en grande), algunas imágenes de estos días. Especialmente bonita fue la sesión a los rebecos.

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La montaña occidental leonesa, al contrario que su vertiente oriental, no me es desconocida. Tengo la suerte de contar con buenos amigos en esta tierra, lo que me ha llevado en más de una ocasión a visitarla, aunque esto para nada me convierte en buen conocedor de la misma. Quizás es por esto que estando allí comenzó a crecer en mi interior un impulso, casi una necesidad, de explorarla a conciencia, cámara en mano, y retratar sus rincones, su fauna, su flora... su magia. Tiene algo especial que me atrae mucho y que guarda relación no sólo con su entorno, sino también con las personas que allí he ido encontrando. Siempre buena gente, siempre acogedores. Por eso, porque me he propuesto volver pronto y seguir volviendo después para mostraros mucho más, hoy no os contaré tanto. Simplemente diré que el regreso a esta tierra, y en especial a Riaño, ha sido una suerte de reencuentro para mi, del que espero nazca un bonito proyecto.

Aquí dejo algunas imágenes más de esta zona. Recordad clicar encima para abrir la galería.